viernes, 18 de diciembre de 2015

Aprendizaje: la misión principal del docente

¿Es la labor docente tan importante que podemos dejarla a la sola improvisación?, ¿es suficiente estudiar pedagogía para ser un buen profesor?, ¿se puede ser un buen docente sin tener mayores estudios de didáctica?

Seguramente conozcamos casos de pedagogos con formación académica indiscutible, pero cuyo desarrollo de clases resultan aburridas o incomprensibles; como también casos de docentes brillantes, que nos ayuda a realizar importantes aprendizajes y que tienen poco o ningún estudio de pedagogía. Sucede que para ser un buen maestro no es suficiente tener conocimientos, también hay que tener habilidades, que en relación a su funcionalidad, eficacia y eficiencia hoy se les denomina competencias (un buen concepto de competencia lo puede leer en los dos primeros minutos de ¿Qué es competencia digital?, Manuel Area, 2015). Sin lugar a dudas en ambos casos el cultivar la parte cognitiva como procedimental los hará mejores docentes, no obstante lo fundamental es el desarrollo de las habilidades docentes: empatía, escucha activa, comunicación, motivación, investigación, creatividad, respeto y pasión. ¿Y cuál es el fin o propósito?...¡el aprendizaje!



Nosotros los docentes más que enseñar debemos ser expertos en el aprendizaje, siendo nuestra mayor meta que nuestros estudiantes aprendan a aprender

Referencias Bibliográficas:
Crédito de imágenes:
  • http://www.flickr.com/photos/usdagov/8542448592/

lunes, 14 de diciembre de 2015

La función docente


La función docente es uno de los roles más nobles que le compete al sujeto que se pone al frente de uno o varias personas con la misión de transferir algún conocimiento o de desarrollar alguna destreza o actitud; directa o indirectamente estamos contribuyendo en la formación integral del ser humano, con actividades explícitas para lograr aprendizajes previstos; pero también se dan una serie de aprendizajes no esperados, muchas veces “ocultos”, aprendizaje invisible, resultado del comportamiento y actitudes que mostramos a los alumnos. 

Es el caso, si desarrollamos actividades de aprendizaje con profesionalismo, optimismo, alegría, creatividad, respeto y buen trato; implícitamente eso estaremos enseñando a nuestros pupilos; caso contrario, si mostramos desgano, amargura, rutina, menor esfuerzo, autoritarismo, en ello estaremos adiestrando a nuestros alumnos. 

En consecuencia, la persona que cumple la función docente es una persona especial, con altas aspiraciones individuales y sociales, en suma humanas; que contribuye al desarrollo de su alumno, sino también de la sociedad y el país. El docente debe forjarse a sí mismo, en su expresión oral y escrita, en su habilidad para comunicar e interactuar con las personas, y en el dominio de conocimientos y tecnologías cuyo aprendizaje haga más productivo al individuo y a la sociedad. 

Como la práctica hace al maestro, debemos perseverar en realizar un esfuerzo más, para efectuar las cosas que sabemos debemos emprender para que resulten excelentes. De tanto esfuerzo muchas buenas acciones se convertirán en hábito y el esfuerzo se centrará en renovarnos y pasar a la excelencia. 

Por lo tanto, es loable la producción intelectual, la práctica del pensamiento crítico y creativo, que exhibe cada docente en todo medio de comunicación, oral o escrito, presencial o virtual, que con mucha iniciativa y pasión realizan los docentes en su deseo de transcender como corresponde a todo buen maestro.

Para quienes desean profundizar sobre la función docente le recomiendo la lectura de esta excelente entrevista "El educador como sujeto", realizada a la pedagoga Rosa Maria Torres por la Revista Nuevamérica Nº 122 en junio 2009, publicada en el blog "Otra Educación".